Música y mercado, ¿asuntos separados?

La distinción entre la música y la industria musical es demasiado conocida. ¿Dónde empieza el arte y dónde terminar el mercado?
Música y mercado, ¿asuntos separados?

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La distinción entre la música y la industria musical es demasiado conocida. Sin embargo, ambos conceptos se continúan imbricando, y sus límites se vuelven cada vez más borrosos. ¿Dónde empieza el arte y dónde terminar el mercado?

La utilización del rock en la industria del entretenimiento

El rock, particularmente, nació como manifiestación de rebeldía y acabó por ser incorporado en los cánones de la música y del mercado. La imagen de las bandas de rock más significativas de la historia hoy se ha convertido en íconos comerciales: venden más su figura que su música. Tal es el caso de conjuntos como Guns’n Roses, Mötorhead, Nirvana y AC/DC.

Si bien todas ellas son exponentes de movimientos estéticos, sus imágenes han sido reutilizadas por la industria para atraer a un público diverso. Así, existen videojuegos, películas, casinos y todo tipo de entretenimientos relativos a las leyendas del rock.

La imagen del rockstar es tan maleable que puede ser usada tanto para vender instrumentos musicales como para jugar a tragaperras online. Aquí se puede aprender más sobre los muchos proveedores que se valen de la imagen del rock para desarrollar sus juegos de apuestas.

Es importante resaltar que, al ser un fenómeno que viene desde hace generaciones, la música popular rockera atrae a un público de edades sumamente diversas.

Incidencia del consumo en la música

Si bien la apropiación del rock y de otros géneros por parte de la industria significa una pérdida de la autonomía del arte, también es cierto que puede conducir a resultados positivos. Por ejemplo, los músicos que comienzan a generar ingresos a partir de sus ventas y del uso de su imagen no deben preocuparse por otra cosa que de componer y de continuar estudiando música.

Por el contrario, la impronta freelancer de la música menos comercial obliga a los artistas a mantener varios trabajos, que pueden (o no) afectar negativamente la calidad de su producción. Como señalaba el autor francés del siglo XIX, Emile Zolá, el dinero le da al artista independencia del mecenazgo.

Fetichización de las artes

Por otro lado, la dependencia de las grandes bandas en la industria musical y los negocios paralelos también representa una suerte de pérdida de la autenticidad. En cierto punto, las bandas que deseen tener éxito deberán amoldarse a los estándares de sus productoras.

En la vereda de enfrente de Emile Zolá, durante la misma época, se hallaba el crítico Charles Augustine Sainte-Beuve. Él encontraba que la apertura del arte al mercado no era sino una forma enmascarada del mecenazgo esclavista. La obra (en este caso, el producto musical) se convierte en un objeto ideológicamente separado de su creador, en un producto reutilizable por la industria; es decir, se transforma en un fetiche.

En el caso del rock, no solo es la música lo que se fetichiza, sino la imagen misma del músico.

La industria cultural, un arma de doble filo

Los filósofos alemanes Thedor Adorno y Max Horkheimer acuñaron el concepto de «industria cultural», en tanto transformación del arte en mercancía de consumo. Los autores tienen un pensamiento muy crítico de esta industria, pues encuentran que las obras pierden su condición de artísticas al verse adueñadas por el mercado.

El caso de la música popular es, quizás, emblemático, pues hay determinadas canciones o géneros que se ofrecen para funciones puntuales (cortejo, celebraciones, etc.). Hay incluso obras musicales compuestas exclusivamente para estallar durante una temporada, como los famosos hits del verano.

A pesar de la desvalorización de ciertas piezas drásticamente comercializadas, en el caso del rock, se debe atender a la gran calidad de los músicos más estereotipadamente mercantilizados, como Axl Rose, Jimmy Hendrix y Freddy Mercurie. Esto quiere decir que, en ocasiones, la industria cultural no hace más que agigantar la figura de artistas talentosos.

El caso de John Frusciante, un rockstar crítico

La ambigüedad entre fama y autenticidad artística es un problema que no escapa a los propios músicos. Tal es el caso de John Frusciante, célebre guitarrista de los Red Hot Chili Peppers, quien se ha reincoporado a la banda recientemente tras una década de ausencia. Sus idas y vueltas con los Red Hot tienen que ver con su posicionamiento frente a la industria cultural. Frusciante está decidido a tocar solo lo que salga de su interior, independientemente de los reclamos de las productoras. En numerosas entrevistas ha reflexionado sobre la banalidad de la fama de los músicos, y sobre la importancia de concentrarse en el estudio y el conocimiento de sí mismo.

Resultará más difícil, quizás, encontrar a Frusciante convertido en tragaperras online.

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